Todo es sexo, menos tú

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No es lo mismo la sexualidad que la energía sexual. La sexualidad deviene en mil tipos de prácticas, imágenes mentales, géneros, etiquetas, ideas. Se enrosca en distintos prototipos, ideales y deberías. Es un concepto que en su malinterpretación, ha ido degenerando hasta lo más pérfido. Si tengo mucho sexo con mi pareja, querré más para tener una buena y saludable relación. Si creo que tengo poco, me preocupará que mi relación esté muerta. Si no tengo, querré tener, si tengo, siempre habrá motivo de queja. La máxima de hoy es aspirar a tener una buena sexualidad. Una-buena-sexualidad, ¡a saber que es eso! Si pretendemos tener una sexualidad desde el constructo que nos hemos montado, jamás estaremos satisfechos.
La energía sexual, en cambio, trata dos aspectos básicos del ser humano que se retroalimentan el uno al otro. La energía masculina no viene representada por el coche, la cadena de oro y las churris. La energía masculina representa la forma, el límite y la manifestación de lo material. Es subjetivo y se basa en sí mismo para materializarse. Por otro lado, la energía femenina no se trata de medias, ni de laca de uñas. No es sumisión, ni una voz aguda. La energía femenina es una energía receptiva, reflexiva y sostenedora que representa la disolución de la forma. Personifica lo que se incuba, lo que se gesta. A un nivel Freudiano, representa la muerte de algo que ya se ha manifestado. En la vida, todo tiene su masculino y femenino, de hecho, la complementariedad entre ambas crea el proceso vital en cualquier ámbito de nuestra vida. Un niño nace y se materializa (masculino) porque se ha concebido y gestado (femenino). El niño pasa de su niñez y adolescencia (masculino), al adulto y anciano (femenino). Uno reflexiona e investiga (femenino) y escribe y crea un libro (masculino). Incluso en una relación de pareja, al principio sentimos el Eros (masculino), y con los años se vuelve un amor más propio de la Philia (femenino).

Lo que ha hecho la sociedad desde el principio de los tiempos, es polarizar la energía y focalizarse en vivir una sola: la masculina. Queremos conservar el deseo apasionado en una relación, queremos el coche, el vestido, el teléfono. Queremos el resultado, lo inmediato. Deseamos vivir desde la forma y evitar a toda costa la incubación, la reflexión y la introspección. ¿Incubar un virus? Pasando, Frenadol. ¿Ansiedad? Pastilluqui. ¿Un poco triste? Joder, estás fatal. ¿Un par de días negativo?, ¡qué infeliz eres! Debemos mantener la felicidad y la extroversión 24/7. ¿No tienes buen sexo con tu pareja? 20 tips para encender la llama, nuevas posturas para reavivar tu fuego. Si me meto mucha presión para ser productivo, estoy viviendo desde lo masculino. Si leo ansioso queriendo acabarme un libro, o si salgo de casa siempre fresca y maquillada, estoy viviendo desde lo masculino. Si me siento culpable de descansar, si me cuesta no hacer nada, estoy viviendo desde lo masculino. A la sociedad le aterra el principio femenino. Tememos al reposo, al descanso, a parar. Tememos la vejez, la muerte, la improductividad.  Si todo en la vida es un proceso de creación y destrucción constate y nos da pánico y evitamos el lado destructivo, nos disociamos de nuestra propia naturaleza, follaremos desde un solo lado y a eso lo llamaremos sexualidad.

Los orgasmos que tenemos y creemos que son la ostia –pobres de nosotros–, son también orgasmos únicamente desde lo masculino. El orgasmo como lo conocemos, surge de un proceso un pelín chungo: nuestro cuerpo se tensa durante la fase de la excitación y al soltar dicha tensión, el cuerpo se relaja con un orgasmo localizado en el área genital. La sexualidad es la comunicación entre dos energías, y sin esa comunicación no hay sexualidad, lo que hay son pajas pobres y tristes en compañía. El orgasmo debería ser expansivo, una potencia de gozo que no requeriría de su previa tensión. Vivimos disociados de nuestras propias energías, priorizando las que la sociedad considera que debemos tener. ¿Te has preguntado acerca de tu propio desequilibrio?, ¿alguna vez te has negado la expresión de alguna energía? Luego nos llenamos la boca con comentarios aparentemente íntegros acerca de feminismos, igualdades, roles y géneros.
Una mujer puede tener exceso de energía masculina y olvidarse de la femenina. Un hombre puede tener exceso de energía femenina y olvidarse de la masculina. Cuando hablo de exceso, hablo de desequilibrio a la hora de experimentarnos. El exceso masculino, por ejemplo, tiene miedo a la entrega, a disolverse en el otro, a fusionarse y a la dependencia. Le costará morir. El exceso femenino, por otro lado, puede tener miedo a terminar algo, a expresarse tal y como es, puede tender a la culpa y la vergüenza, y desde luego, le costará poner límites e individualizarse.

Todo en la vida es sexual, un árbol, una planta, un animal, el parto, la creatividad, hasta el proceso que conduce a la defecación. Todo me parece sexualmente hermoso, menos cuando miro a los humanos. Los humanos estamos desmembrados, divorciados de nosotros mismos. Hay un exilio generalizado del alma. Oye, pon a trabajar las conexiones de tu hipocampo, enchúfale un poco más de proteína a tus sinapsis arrugadas, por favor, que no puedo más de tanta tontería de género, de tantas separación entre humanos y entre nosotros mismos. Mas límites y más fusión. Más muerte y más erotismo.


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