POLIPALETO

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El poliamor: un actual y horroroso giro de la lengua moderna que crea un estilo de vida. El poliamor se lleva, como los pitillo y los pantalones acampanados, como los galgos y los zapatos de plataforma. Las palabras ya no son casi importantes ya que se vuelven modas, con adeptos que ni se preguntan ni ahondan sobre sí mismos, pero eh, “soy poliamoroso, amo a muchas personas porque soy libre y desinhibido”. Representamos clichés y actuamos creyéndonos líderes del estereotipo cuando no somos más que clones que repiten lo que oyen por ahí. Nivel de catetismo: alto. Que no sois poliamorosos, sois promiscuos de toda la vida. ¿Qué le pasa a la palabra promiscuidad? A mí me parece fantástica y clara, aunque pervertida por la moral, aún funciona. Cuenta con dos acepciones en el diccionario, 1 persona que mantiene relaciones sexuales con varias personas, y 2, mezclado confusamente y sin orden. Me parece fabuloso que una persona escoja experimentar con otras, incluso mezcladamente y sin orden. ¿Cuál es el problema? El caso es que hoy en día decir que uno es promiscuo como que queda de guarro y decir la palabra mágica poliamoroso, te encasilla en una especie casi superior.
Lo que yo he visto hasta ahora es a personas que tienen parejas y se autoproclaman poliamorosas porque básicamente, son unos catetos y ya les va bien apropiarse del neologismo. Catetos que confunden el amor con el deseo fugaz. Pero no, según ellos han aprendido a amar a más de una mujer y te dicen, con el corazón en la mano y sin pestañear, que todas son únicas y especiales para ellos, y que son fieles a todas su amantes. Te echan la chapa y te ilustran acerca de cómo la monogamia está de deteriorada y de lo que hay que cambiar en el modelo de relaciones, y de que estamos presos de la moral pretérita. Que ellos sí son soberanos y fieles de su deseo, y te van a rescatar a ti, mujer, de tu represión. ¡Oh, mi amante y salvador poliamoroso! Pues en realidad me he encontrado a varios de ellos disponiendo de sus diversas amantes casi como si fueran objetos. Los modernos misóginos deberían llamarse.
Suelen ser, por lo que tengo analizado, personas con un nivel más alto de desapego, ¡pero cuidado!, si algunos se enteran de que tu estás viéndote con otro con la polla más grande y más vigorosa y más venosa y brillante, se ponen celosos. Los poliamororos misóginos libres y deshinibidos se ponen celosos. Encantadores. Encantadamente pueriles.
(También me dirijo a las mujeres, a las que dicen ser almas libres y abiertas cuando en su cartera de amantes rebosan alertas de Tinder, y ellas mismas se creen dueñas de su chocho y libres y más modernas que nunca, y tratan a los hombres también como objetos).

A mí me resulta totalmente una farsa neomoderna en la que uno se autoexcusa debido a la falta de cojones de mirarse a sí mismo. Casualmente, la mayoría de hombres que aman con el corazón y la sensibilidad propia de estos nuevos machos beta, más evolucionados y apasionados por las mujeres y hasta a veces feministas (la gota que colma el vaso) no se hablan con sus madres, no cuidan de sus hijas y no tienen amigas porque se las follan a todas. Así que no me creo a la peña que habla de amor libre cuando necesita que la quieran por inseguridad.
Creo que hay tantas formas de amar y tantos tipos distintos de vínculos como humanos, pero no se trata de amar una idea, una palabra o un estilo de vida. Según el mito griego, Afrodita nació debido al castramiento de Saturno a Urano, tirando los despojos al mar. De la espuma blanca que se creó debido al conflicto hasta la muerte, nació la viva imagen del Amor y del deseo. El Amor proviene del dolor, y lo inconmensurable del amor existe porque se ha transgredido lo horrendo del dolor. El amor no conoce de límites, ni siquiera poliamorosos. El tema está en aprender a amarlo todo, no solamente juguetear a desearlo.

 

 

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