Peldaños afectivos

culturejamExiste una escalera analgésica que sirve para medir el nivel de dolor que siente una persona que padece una enfermedad crónica, también la llaman escalera del dolor. Así, de esta forma, se puede administrar un tratamiento conveniente y un control del dolor adecuado. No se si es muy fiable, pero la OMS debería inventarse una escala terapéutica del dolor pero en versión emocional, para una relación de pareja por ejemplo, y cada vez que la relación esté apretada, cuantificar el dolor por medio de distintos escalones de tensión o displacer. Tipo: “nivel de cabreo y dolor máximo” (osea, miedo la separación básicamente) y según el resultado, en vez de morfina, una suma de consejos contra el dolor afectivo. Quizás así dejaríamos más espacio para ser más honestos con nosotros mismos y en consecuencia, con las personas que queremos. Cuando el dolor se expresa, automáticamente se afloja. Si en cambio lo amurallamos, perdemos energía fortificándolo y protegiéndolo para que no entre nadie (ni siquiera nosotros mismos). Perdemos cantidades industriales de energía tratando de contener el dolor, resguardarlo, taparlo para que no se note, que no se vea. ¡Es al revés pequeños humanos asustados! Es mil millones de veces más cómodo, fácil y ligero, comunicarlo y dejarlo ir. Nadie nos ha enseñado a usar nuestra propia energía. ¡Transformemos nuestros dolores en energía!. ¿Cómo es que nos cuesta tanto?. El dolor a veces nos pone cara a cara con una especie de vacío interno muy desagradable, si, pero es ineludible. No pasemos por esta vida sin subir algún peldaño en la escalera del dolor, pongamos peldaños afectivos antidolor. ¡Conquistemos al dolor!

 

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