Nos enamoramos de perchas

Nos enamoramos de perchas

Es cierto que el cerebro no distingue entre realidad y fantasía. Recientes investigaciones confirman que el cuerpo y la memoria no diferencia la experiencia según lo que has vivido y lo que has imaginado. Podemos distinguir, por ejemplo, un sueño de la realidad, pero nuestro cuerpo no. Nuestras células guardan la experiencia de todo aquello que produce emociones en el sistema límbico cerebral. Puedes engañar a tu cerebro, o incluso engañar el cerebro de otros. Cuando nos enamoramos ni mente ni cuerpo distinguen un cascajo. Más bien, realidad y fantasía se funden en el amado. Creemos que hemos encontrado al Dios que personifica todos nuestros deseos, pero no es más que un oasis. Un refugio donde aliviar miedos y carencias soterradas entre los pliegues de nuestra ignorancia, las cuales proyectamos en forma de enamoramiento. Durante la fase de locura transitoria, nos construimos eficazmente una fantasía y se la colgamos al otro. Perfecto percha. No es que el otro nos decepcione por haber actuado de esta u esta otra forma, nos decepciona cuando no cumple nuestro espejismo. Al final la desilusión es objeto de grandes alegrías, porque conocemos al otro tal y como es y podemos averiguar directamente nuestros dolores más íntimos.

 

6_20150114t169iJ

 

No comments

Comments are closed.