Los hombres buscan novias

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¿Realmente la sexualidad masculina es como nos la han pintado? La cultura se ha construido en esta férrea creencia de que los hombres tienen más apetito sexual y que su impulso masculino es más impetuoso que el de las mujeres. Algunos hombres tratan el hecho del compromiso o de tener pareja como algo poco masculino, y por el contrario, el de follarse a muchas tías como algo varonil. En realidad eso es solo un asunto de imagen, un ideal de apariencia que se nos ha vendido (y que hemos comprado). Cuando el hombre llega a la consumación real de dicho impulso, la potencia se ve saciada con un orgasmo y un polvo rápido (a no ser que tengas dieciséis, seas atleta o tengas dotes tántricas). Los hombres pueden pajearse cuatro veces con pornografía pero ni hablar de cuatro polvos concatenados. A mí personalmente me parece fascinante que la potencia sexual de un hombre se encuentre básicamente en su boca, en la calidad del sexo discursivo, pronosticando lo que te va a hacer, el cómo te va a empotrar y cómo vas a jadear pidiendo más. Luego, a la hora de la verdad te dicen, arrugados, que después de correrse pierden mucha energía.
Si nos remontamos a nuestros predecesores, observaremos que los testículos humanos son mucho más grandes en comparación al de los primates. Estos tenían que producir mucho esperma para poder competir, ya que las hembras copulaban con más de uno en el ciclo menstrual para tener el mejor esperma y por lo tanto, la mejor descendencia. Así se originó la competencia espermática, que solamente se indujo, según biólogos evolucionistas, debido a la promiscuidad de las hembras. Los machos por el contrario, querían que su esperma fecundara al mejor óvulo posible, y escogía a la que le parecía más fértil. Los gorilas por el contrario, con un tamaño de testículo menor que el resto de primates sí son polígamos, ya que no tienen apenas competencia espermática debido a los grupos reducidos y copulan con todas las hembras de su comunidad.

El hecho masculino de buscar sexo de forma instintiva (así random tinder) es en realidad una trampa (y el hecho de quién tenga los huevos más grandes es más macho, también).  Jamás va a haber satisfacción a largo plazo. El hombre anticompromiso después de la consumación se siente defraudado y va a buscar a otra hembra, y a otra, y a otra, y la colección de desilusiones no ayuda a que este ser se sienta colmado, porque después de esos segundos postográsmicos, el deseo poco a poco vuelve a protagonizar los pensamientos con la perfecta coartada de: soy un hombre y tengo mucho apetito e instinto. El alardeo de la promiscuidad y su práctica contemporánea es el eterno círculo vicioso, en el que se intenta corroborar una cosa con otra, y esta segunda con la primera. El eterno retorno. “Joder, soy un esclavo de mi impetuosa y vigorosa testosterona”.

Julia Heiman, directora del Instituto Kinsey de Investigación en sexo, hizo una investigación acerca de la relación entre la vinculación afectiva y el deseo sexual a 1.009 matrimonios de distintos países. Afirma que “para lograr el bienestar, todo ser humano necesita satisfacer sus necesidades más básicas. Sin duda la más importante es la seguridad que ofrece el vínculo afectivo. La persona con la que nos vinculamos cumple dos funciones respecto a uno mismo: ser una base de seguridad y un puerto de refugio en situaciones de precariedad emocional, física o psíquica. A lo largo de la vida necesitamos gestionar adecuadamente las necesidades afectivas. Los hombres, por otro lado, podrían desmitificar el rendimiento sexual, haciendo de éste algo más realista y dotándole de un significado más próximo a las necesidades de seguridad emocional”.
La fantasía que queréis demostrar de independencia y autogobierno follando con distintas mujeres es precisamente eso, una fantasía. Al final sois humanos antes que machos cabríos y necesitáis y deseáis amor y afecto a largo plazo como cualquier terrícola.

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