¿Liberación sexual de qué?

“Es raro pasar por esta vida sin sentir (generalmente con cierto dolor inconfesable, quizás al final de una relación, o cuando estamos tumbados en la cama junto a nuestra pareja sin poder dormir, que somos un poco extraños en relación al sexo.’’ (Adoro mucho a Alain de Botton). En materia de sexo, nadie es adecuado, nadie es normal. La idea preconcebida de lo que ocurre en la intimidad de los demás será siempre un enigma. Ninguno nos sentimos plenamente tranquilos o serenos con nuestra sexualidad. Nadie está exento de culpa, de deseos bochornosos, de fobias y disgustos. Nadie. Quién diga que es experto del sexo, miente. Quién diga que no tiene problemas, miente. El sexo siempre va a ser un lugar misterioso, placentero y frustrante a la vez. Y es que en realidad hablamos poco de sexo. Sobre técnicas, detalles o emociones. Somos más de, “ostras, fue una pasada.’’(¿Por qué las chicas pueden estar dos horacas de conversación en espiral analizando el mensaje que les ha enviado un chico y nunca dirán la verdad acerca de lo que estaban pensado y sintiendo mientras estaban a cuatro patas?). No es exactamente cuán ignorantes somos acerca del sexo. Lo poco o mucho que sabemos acerca del deleite sexual. Sino cuán extraños somos de nuestro placer propio. Nos preguntamos poco a nosotros mismos, en general, cómo nos sentimos. Nadie se relaciona con el sexo de esa manera despreocupada como nos venden ahora. ¡Estamos viviendo la nueva liberación sexual!. Qué va. No hay nada nuevo. Siempre existirá el misterio, la duda, la obsesión. La tortura de pensar que otro está mejor dotado. No se trata de liberación. Se trata de comprensión sexual. Uno no puede “liberarse’’, (en el supuesto caso de que uno esté maniatado), si no se comprende a sí mismo. No se trata de que nos enseñen a tener más y mejor sexo. Se trata, de “sentirnos menos extraños con el sexo que anhelamos tener y que procuramos evitar.’’ Y la iniciación al ritual de la honestidad sexual sería dado solamente por la intrepidez de uno de los dos miembros de la pareja. Tenemos miedo, cuando queremos a alguien, de mostrar nuestros deseos profundos. Si habláramos, por ejemplo, qué nos ha gustado y qué no, o cómo nos hemos sentido después de follar con nuestras parejas, nos mostraríamos vulnerables. Y no sólo eso, sino hasta un poco humillados. Casi expuestos al ridículo. ¿Qué paradójico, no?. El sexo no es algo de lo que podamos librarnos ni liberarnos fácilmente. Y aunque seguirá siendo un misterio, por lo menos que sea un misterio gustoso.

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