La violencia de lo positivo

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Sal ahí y brilla. Lleva puesta siempre tu mejor sonrisa, ¡que lo bueno empieza hoy! De hecho, cuando viene un cliente a iniciar un proceso terapéutico, como por ejemplo tratar una depresión, siempre digo lo mismo: cree en ti y todo será posible. Persigue tus sueños, ellos saben el camino. “Desechad tristezas y melancolías. La vida es amable, tiene pocos días y tan solo ahora la hemos de gozar”. Y esta no es de Mr Wonderful, sino de Federico García Lorca. Frases motivadoras que invitan al suicidio. La imposición de lo positivo como una forma de violencia.

Hace pocos días me encontraba en la terraza de un bar con una amiga y presenciamos un accidente de moto. Mi amiga fue corriendo a ver si el motorista estaba bien, y yo me quedé cubriendo la zona de positivomaníacos. La pareja de la mesa de al lado comentó,

-Ostras, ¡el otro coche no se ha dado cuenta! dijo la tipa.
-¿Cómo?, contesté. Claro que se ha dado cuenta, es que ha huido.
-Hombre, hay que dar el beneficio de la duda, me dice la mujer. Quizá iba con la música muy alta, quizás iba distraído… está claro que no se ha percatado.
-Exacto, contesta el tío. Yo creo que hay que conceder el beneficio de la duda a todo y no juzgar con tanta facilidad. ¿Sabes? Yo antes también era muy negativo, pero lo cambié y ahora me va mejor.
-Vaya, es muy taza Mr Wonderful, ¿no? Me alegro que te hayas iluminado. Yo prefiero seguir con mi realismo, gracias.
-No te enfades mujer, solo decimos que el mundo no es tan desagradable como lo ves tú.
-Me parece que sí, y lo desagradable es negar su existencia.

Obvia cierta parte de la realidad, crea una paralela menos dolorosa y todo irá mejor. ¡La propia positividad queda inmunizada de crítica! La sociedad globalizada evita la negatividad, la censura y la evade. Como si la idea de expresar cierta crítica te convirtiera en alguien que busca el horror y el caos. La violencia de un muro solo con comentarios positivos, la violencia de la opinión de tu amiga que trata de evitar la verdad para que no la rechaces. La violencia de un Instagram pulido y perfecto atiborrado a comentarios halagadores. La violencia de nuevas corrientes aquí y ahora. Lo tóxico de hoy en día no solo es la negatividad en sí, sino la ceguera postitiva para una exigencia de felicidad. Claro, la felicidad te lleva directamente a la euforia y esta, a la compra, el gasto y al consumismo. Baudrillard pensaba que “la producción ininterrumpida de positividad tiene una consecuencia terrorífica. Si la negatividad engendra la crisis y la crítica, la positividad hiperbólica engendra, a su vez, la catástrofe, por incapacidad de destilar la crisis y la crítica en dosis homeopáticas.” Y claro, la agresividad se anestesia en un letargo que evidentemente, se gesta hasta que explota sin control.
Bauman dijo en una entrevista, “esta maravilla tecnológica no solo no te abre la mente, sino que es un instrumento fabuloso para cerrarte los ojos. (…) Hay algo que no puedes hacer offline, pero sí online: blindarte del enfrentamiento con los conflictos. En internet puedes barrerlos bajo la alfombra y pasar todo tu tiempo con gente que piensa igual que tú. Eso no pasa en la vida real: en cuanto sales a la calle y llevas a tus hijos al colegio, te encuentras con una multiplicidad de seres distintos, con sus fricciones y sus conflictos. No puedes crear escondites artificiales.” Así se crea una nueva incapacidad para lidiar con lo duro del mundo y ante esa incapacidad, las consultas se llenan de humanos enfadados y tristes que luchan para no estarlo. Y la violencia entra dentro de uno, se contiene y se transforma en tristeza, melancolía, depresión, falta de ánimo. La nueva enfermedad es el síndrome de burn out, cuando estamos hartos de nosotros mismos. Un síndrome que acaba con la relación que tienes contigo mismo volviéndola pesada, destructiva y atormentada.

Hay que aprender de la propia agresividad. Hay que conocerla e investigarla para poder reconducirla. Si nos empeñamos en negarla, censurarla, intelectualizarla o sustituirla, entonces, será incontrolable. Hay que aprender a odiar.
Generalmente deseamos un lugar más humano, generoso, altruista, una sociedad libre, generosa y solidaria. Pero no existe ese estado originario, ese paraíso al que volver, eso es una utopia condenada al fracaso. Una visión realista del mundo incluye la maldad. Después te viene un tipo hiperpositivo y pareces el tóxico. Pero no, lo tóxico es no perseguir el cambio y la transformación. Y aunque es difícil diagnosticar cuando acaba la tristeza y empieza la depresión, cuando acaba la critica y empieza la crueldad, o cuando termina el realismo y empieza la desolación, la tristeza puede ser rebelde y el odio, puede ayudar al respeto. Quizás hay que estar tristes y provocar una rebelión con lágrimas y gritos. Ni idea, solo sé que yo soy más de Mr. Wonderfuck, he dormido genial, bostezo porque me aburres.

 

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