La pereza infinita

Empiezo a atisbar un tipo nuevo de holgazanería contemporánea.  Ir a trabajar, relacionarse, seducir y coquetear está empezando a dar pereza. Ir al super da pereza, hacerse una paja sin porno da pereza, hasta vivir da pereza. Preferimos ver a alguien pasando fotos de Tinder (como si no hubiera un mañana) que charlar, chatear antes que quedar con alguien, scrollear Facebook hasta el infinito antes que leer, y mirar series que nos subyugan días encerrados en casa. Da pereza hasta estar a solas con uno mismo (bueno, esto ha dado pereza hacerlo siempre). ¿Es el consumo tecnológico la principal causa de amodorramiento general?, ¿o solo una excusa ante el tedio contemporáneo? Me encuentro a muchas personas que se ven arrastradas por un tedio fastidioso (excepto cuando repiquetean con entusiasmo el WhatsApp) que arrastran irremediablemente la procrastinación como hábito y como subterfugio al fracaso. La procrastinación también puede expresarse como un impedimento de mirar hacia dentro, como el olvido de uno mismo y por extensión, una postergación de los deseos (¿todo va tan deprisa que me reafirmo siendo una holgazana?). Con nuestra forma de usar las redes sociales estamos empezando a crear una especie nueva de psicopatía tecnológica en la que normalizamos costumbres desequilibradamente alienadas. Pero ocurre lento y sutil. Casi no nos damos cuenta en este proceso de desensibilización hasta que ves que te cuesta tener una erección con una chica real en tu cama.  ¿Sirve la tecnología para hacernos más tontos y perezosos? ¿Es esto un plan inevitable de amodorramiento para ceder el poder? ¿Es la pereza una nueva negligencia de la tecnología? No lo sé, desde mi cama os lo digo.

Chaz_Hutton_Cultura_Inquieta10

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