La Culpa y el Sexo

Nuestra sexualidad despierta desde los cero años hasta los once, y se desarrolla hasta la pubertad. Perfecto. Justamente cuando aún no somos capaces de discernir entre lo que queremos y lo que no, lo que  nos resulta bueno o malo, correcto o incorrecto. Y la gran cagada es que es también es la época de más aprendizaje. ¿Y de quién aprendemos? Primero de papá y mamá, de los hábitos que hay en casa y cuando crecemos, de la sociedad. Es decir, una lista intangible y específica de comportamientos y actitudes que hay que cumplir para que te acepten. El sexo en la ciudad no ha sido generalmente algo que se exprese con naturalidad y franqueza, de hecho, está totalmente estereotipado. Cada uno tiene su sexualidad, y es imposible e impensable marcar una sana, apropiada y correcta para todo el mundo. Pero así se ha hecho. No hay mucha libertad en poder expresar la sexualidad sin que alguien la juzgue. (Y evitamos el juicio a toda costa). Nos da miedo cuando no encajamos en ese estereotipo. Por eso en la ciudad específicamente, el sexo viene cargadísimo de culpa. Aún hoy en día muchos niños reciben el mensaje de que el sexo tiene que ver con lo sucio, cosa que puede generar muchos conflictos en la adultez. ¿Cómo reaccionaron vuestros padres cuando empezó a despertarse vuestra sexualidad?. (¿O directamente ya lo hacíais a escondidas?). ¡Saca la mano de ahí, guarro!. Esto no se hace, es asqueroso,… y un laaaaargo de etcéteras. Ideal culpa. (¡Neurosis cabalgando el sexo!). Realmente es una sensación horrible que te aísla de cualquier deleite. Jodorowski afirma que la culpabilización del placer sexual se extiende a la culpabilización de cualquier placer, como por ejemplo tener éxito en tu trabajo (yo también lo creo) y que irremediablemente se afecta la una a la otra. Cuidado, porque la culpa puede llegar a ser una prisión de alta seguridad que nos aísla de lo bonito. Y el sexo está para liberarnos, no para encarcelarnos más. Pero eh, que la culpa también tiene su lado positivo. Y es que nos revela una valiosa información: ¿estamos cómodos con las consecuencias de nuestros actos, de nuestras decisiones?. La culpa es como nuestra brújula moral, y a cada uno le marca los límites en sitios distintos. Si por ejemplo sientes culpa al fingir un orgasmo, observa la presión que tu misma te provocas por ser ”una buena amante” y hasta qué punto sientes que no lo eres. Piensa que la idea de ser ”buen amante” no la has decidido tu, sino que te la has comido doblada de tu entorno. La culpa claramente crea anorgasmia.

 

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