Hombres-niño que acaban con mujeres-madre

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Un ser muy querido me preguntó si siempre escribía en base a la misma línea editorial de odio crítico que se caga en todo haciéndose la outsider, cuando en realidad venía a ser una pose más. Efectivamente tenía razón en su pregunta-tesis, sin embargo, me ayudó a cuestionarme si realmente podría escribir algo sin la característica revoltosa y contestataria habitual. Se dice que el verdadero artista es capaz de mutar el propio estilo. Veremos.

Mientras comía con dos humanos extraordinarios para mí, tuve la dicha de escuchar sus respectivas y particulares discusiones con algunas de sus exs. Conflictos en afters, botellas volantes y gritos bajo la lluvia. Cambios de humor, discusiones histriónicas y altercados varios. Hombres X saliendo con cervatillos millennials que montan chochos porque quieren cambiarlos y transformarlos en una versión más acorde a su imagen y semejanza. Cariño no te drogues o te monto un pollo, cariño no bebas más o la lío, cariño se menos bruto y más comprensivo o te castigo, cariño estate más pendiente de mí o me enfadaré y me encargaré de que nunca sepas por qué.
Les pregunté a ellos si no les parecía loco que sus novias reaccionaran de tal forma. No querida, tienen que madurar me dicen. ¿Madurar? No querido, son bipolares. ¿Qué tipo de beneficio sacaban ellos de todo esto?, ¿tetas turgentes, culos apretados y cierta ingenuidad fresca por explosiones de rabia, enfados cíclicos y selfies emocionales?

Al final, algunos de los hombres de la generación X han crecido sobreprotegidos con madres invasoras y absorbentes, educados por un matriarcado ciertamente rígido y enfadado con lo masculino. Como resultado, una falta de firmeza a la hora de poner límites y una convicción de que el compromiso es una carga, es decir, pánico ante el exceso de responsabilidad emocional. Creen que eso significa casa, hipoteca, coche, niño y desidia ¿Les será más cómodo mantenerse siempre jóvenes con jóvenas? –lo que no saben es que cada vez más, las jóvenas están más amargadas– Les gusta su frescura, inocencia y espontaneidad, pero les carga su inmadurez porque en ocasiones tienen que hacer de padre. Por otro lado, hacer de padre que abre camino, guía y dirige les pone un poco, pero al final acaban cansados y ahogados por la responsabilidad de la que precisamente siempre han huido –¿se creen que con jacas millennials se responsabilizarán menos? ¡Ay almas de cántaro!– ¿Será por eso que buscan a mujeres que los saquen de quicio? Hombres niños que acaban con mujeres-madre, o con histéricas dependientes que obligan a fichar los movimientos de sus novios. Hombres-niño que necesitan repetir su sensación adolescente de invasión materna.

Las millennials en cambio, hemos crecido con el sobreestímulo y el capricho. Con la fantasía narcisista de grandeza y el temor escondido al complejo de inferioridad. Haciendo el bien a los demás no por bondad espontánea sino por crueldad complaciente en un ejercicio de poder: yo se lo que es mejor para ti. En resumen, niños blandurrios de cuarenta follando con madres devoradoras de veinte diciéndose te quiero.

Miraba a mis amigos y veía el reflejo de los hombres que se resistían a ser. Hombres sexys e inteligentes, cultos y graciosos que insistían en enredarse en dramas y calamidades teatreras de jóvenas maternales. ¿Desde cuándo dejar atrás al niño para ser un hombre es tan perturbador? No tienes por qué convertirte en un casposo sesudo de cincuenta amargado. ¿Será para ellos la lactancia erótica un secreto fetichista? Amamantamiento adulto. Nietzsche afirmaba que en el varón auténtico se esconde el niño, y alentaba a las mujeres a descubrir el niño en el varón. Descubrirlo, no atetarlo. Nanny’s forever.
En realidad, esos hombres niño esconden un tirano autoritario reprimido, –que todavía no ha puesto límites con mamá– y nosotras una niña triste con necesidad de reconocimiento que se siente sola con un papá ausente. Ambos sobreprotegidos y malcriados.

Cuando una persona vive atrapada en su patrón de comportamiento infantil de miedo, le cuesta tomar decisiones que involucren su vida adulta, dejándolas a merced de la inercia de la pareja. Al final da igual. Los dos representarán uno u otro papel, –y no se sabrá si el padre se folla a la hija, si el cuñado amamanta a la suegra o si la hija es madre del padre– dependiendo de la temporada, del guión, de la escena y del rol actoril de la obra de teatro. Eso sí, siempre frescos, siempre zagales.
Bueno, os dejo descansar que os toca lactancia. Mierda. La pose se me ha vuelto a escapar. Millenials soberbias…

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