Hombre inútil, Mujer histérica

Estaba de vacaciones y vino un amigo a pasar unos días a casa. Acabamos de comer y se dirigió a la cocina. Después de un rato entré para prepararme un café y le observé limpiar los platos. “¿Sólo ha limpiado eso el rato que lleva ahí?’’, “¡Pero si los limpios están sucios!” pensé. Los limpiaba con una parsimonia espeluznante y una lentitud ineficaz. La cocina era pequeña y dos personas metidas ahí dentro era francamente agobiante. Cogí el espontex y empecé a revolotear alrededor limpiando las gotitas que iba dejando en la pica, para hacer presión.

-¿Quieres que los limpie yo?. (No lo estás haciendo bien, yo lo haré mejor. Quita.)

-No hace falta, ¿por? (Será pesada.)

-No, nada nada…. es que vas muy lento. (Es que limpias mal.)

-Bueno, voy a mi ritmo… tu ocúpate de lo tuyo. (Será zorra.)

-Es que te estás dejando restos de comida.

-Adri, eres una histérica.

-Es que eres un inútil y tengo que compensar el desequilibrio.

-Bueno… hombre inútil se casa con mujer histérica, no falla.

¿Histérica yo?. Yo no soy así, pensé. Soy una mujer moderna. Pero no. Es como un gen no descubierto que está ahí, latente, esperando a ser despertado. El gen inútil y el gen histérico. Y por lo menos a mí (y a todas las mujeres), ante la inutilidad masculina se me activa. Y es bastante inevitable que se desarrolle después de un tiempo de gota a gota de terrorismo doméstico. Lo que vendría a ser la potencia masculina que te enamora del principio, irremediablemente se transforma en una inutilidad atroz. Y lo que vendría a ser la contención y comprensión femenina, se transforma en un histrionismo de voz aguda y chirriante. Y cuanto más inútil él, más histérica ella, y cuanto más histérica ella, más incompetente él. No falla. ¿Así nos compensamos los seres humanos?. ¿Qué podemos hacer?. (Siempre podemos calmarnos mutuamente así: Escenaca de Aterriza como puedas). No hay escapatoria, todos tenemos este gen tipo Mr Hyde. Ellas acaban controlando a dónde vas, con quién y cuando volverás a casa, histéricas. Ellos acaban cagándola porque se han olvidado de acompañarte al ginecólogo, o porque están demasiado ocupados con su trabajo para preguntarte cómo estás. ¿Estamos abocados irremediablemente a esta lenta transformación durante la convivencia?. Parece que es innato en el ser humano este gen terrorífico. Bueno no, los de la Gestalt te dirían: “observa a tu histérica interna’’, ¿qué sientes?. Paparruchadas. A nivel práctico esto es un coñazo, porque poco a poco nos convertimos en una versión monstruosa de lo que nos prometimos no ser nunca. Y la única manera que he descubierto para no sucumbir al gen, es el humor. Es poder reírte de ti mismo. (Al final mi amigo y yo acabábamos llamando, “¿qué tal inútil?”. ”Bien, histérica, bien”. ”Te has dejado una mota de polvo ahí en la esquina.”). Por otro lado, nosotras deberíamos tratar de dejar de ladrar y aprender a pedir lo que queremos a su debido tiempo. Y vosotros, haced el favor de regalarle a vuestra novia un ramaco de flores y que en la tarjetita ponga, perdona, soy un imbécil.

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