Hay dos tetas, escoge una

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Sí o no, derecha o izquierda, lo dejo o me quedo, marido o amante, matrimonio o soltería, bueno o malo, una u otra. Escoger. Calificamos los estados y las cosas de dos maneras diferentes: A o B. Es bueno ser fiel a tu pareja, es malo engañar. Es de buena persona ayudar a los demás, es de mala persona ser egoísta. Fulano es malo porque me ha traicionado y yo soy bueno porque soy la víctima. Amarrarnos y ensogarnos a una u otra opción. ¿Quién coño nos ha dicho que debemos escoger?
Durante los primeros meses de vida, el recién nacido mama los pechos de su madre en busca de alimento (según Freud esta es la fase en la cual se desarrolla el aspecto libidinoso de la boca y los labios y eso aparte, va a determinar cómo vamos a follar en el futuro). Cuando succionamos, no solo recibimos alimento y nutrición, (en psicología se describe como instinto de conservación a la inclinación del ser humano que puja por existir) sino también recibimos la pulsión de deseo. El bebé no es consciente de ello evidentemente, pero su inconsciente sí.

El pezón materno, dador de leche, representa un pecho nutritivo y a su vez, lo que nutre y da vida viene acompañado de cierta eroticidad. Esa es precisamente, la primera satisfacción que el niño recibe del mundo externo. Del pecho nutritivo al pecho erótico. Lo nutritivo nos pone y lo erótico nos nutre.

Nada más nacer surge la polaridad, la paradoja, el contrasentido. A partir de ahí, todo en nuestra vida se tratará de dos emociones paralelas que nos morderán el alma y nos resquebrajarán el carácter. Buscaremos relaciones que sean como la que tuvimos con la ubre de nuestra madre. Aunque la realidad acuciante es que de adultos, ya no solo se tratará de lamer y chupar el pezón de tu novia, sino de gestionar las mil y una curvas y sinuosidades que conlleva tener una relación. Le deseo pero no me conviene (me pone pero no me nutre), estoy con él porque es buena persona pero deseo a mi compañero de trabajo (no le deseo pero me nutre), pido fidelidad pero quiero irme con otras, (la deseo pero no me nutre).
¿Y qué hacemos, ceporros de nosotros? Paralizados, observamos cómo tiran esas emociones, tratando de controlar la mente creando teorías especulativas, hipotéticas, y acercándose lo más estrechamente posible a cualquier atisbo de inteligencia, creyendo (pobres inútiles) que podremos escoger entre una de las dos (porque hay un acierto y un error) y vivir en paz, con nuestra conciencia tranquila y con la sensación de haber hecho algo bien. Pues francamente, eso no va a pasar.
La movida no se trata de escoger, ni siquiera de distinguir si hay alguna buena o mala decisión, si no de hacer que ambas coexistan. No juzgarlas de wrong way o right way, sino de ser conscientes que la gracia en la vida es precisamente esa, hacer de la contradicción y el disparate algo instructivo, porque no hay teta mala.
Sí, muy bonito Adriana, pero ¿hay algún consejo que resuelva la paradoja existencial? Ni idea. Apoyáos en las tetas de vuestra madre y reflexionad.

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