ERES EGOINÓMANO

14695365_1194577383934216_5938037373253728164_n

El egoísmo, que proviene de ego y significa yo, se caracteriza por “mantener una relación exclusiva con uno mismo”. Son las propias necesidades las que importan, no las de los demás. Que nadie venga a decirme que es generoso, altruista o buena persona, porque no cuela. Ese tipo de humanos no existen. Incluso las acciones más compasivas, la generosidad más desinteresada y la empatía más sensible, proviene de un interés personal. Los padres que se ocupan de sus hijos pero esperan que a cambio los obedezcan. La pareja que espera a que tú te adaptes a ella. El amigo que te escucha para esperar su turno y que lo escuches tú a él. O tú, querido lector, con tus hazañas dadivosas para no pudrirte en el anonimato. El altruismo es un beneficio que te hace brillar ante los demás y esa, es la ganancia.

Somos adictos a nosotros mismos y a la necesidad imperiosa de reconocimiento eterno. La nueva droga, una rayita de autoreferencia y un viaje de egotrip brutal. Somos, por lo tanto, egoinómanos. De hecho, lo somos tanto, que hasta podemos hablar de lo egoinómanos que son los demás, realizando el papel protagonista del discurso. El egoinómano que habla de lo egoinómanos que son los demás mientras se relame el eguito con pedantería. Definitivamente, la egoinomanía es la antesala al narcisista. De hecho, hago un post sobre la egomanía porque soy egoinómana y eso refuerza mi egotrip. Raya. Subidón.

Pero, ¿nos regimos por código moral, social?, ¿por resorte instintivo? En el modelo económico, es el interés propio lo que motiva al individuo. De hecho, hoy en día nos educan basándonos en premisas capitalistas de competitividad de la ley del más fuerte, siendo esta una forma más de legitimar el sistema.
Thomas Hobbes, gran filósofo, creía en un egoísmo inherente en el ser humano. Explica en su magnífico libro el Leviatán, –recomiendo leer este libro en épocas como estas– la existencia y la relación “entre el hombre y el Estado mediante un pacto consensuado en la relación de poder entre mandado y mandatario”. Hobbes cree que cada ser humano está en guerra con los demás y afirma: Homo homini lupus est, el hombre es un lobo para el hombre. Asegura que existen tres estados naturales que el hombre quiere alcanzar y tres motivos por los cuales ser egoísta: la competición para obtener algo, la desconfianza para tener seguridad y la gloria para tener reputación.
Según María Dueñas, psiquiatra, “entre los dos y los siete años hay una etapa de egocentrismo intelectual. El niño no puede prescindir de su punto de vista y se siente el centro de todo. A partir de los tres años, comienza a participar en sociedad y va abandonando poco a poco esta fase. Sin embargo, los niños rechazados, faltos de afecto o sobreprotegidos pueden ser incapaces de superarla”. Cuanto más sentimiento de inferioridad, más ayudador, y más egoinómano.

Están los egoinómanos que muestran un interés brutal hacia otra persona, pero solamente porque le sacará un beneficio propio. Los que ayudan para que los reconozcan y los admires en su virtuosismo. Los que querrán echar una mano solo por sentirse superiores, ya que se alimentan de la inferioridad de los demás para encubrir su mediocridad. Los que parecen desvalidos e indefensos, que piden atención y protección constante a través de la pena y el victimismo.
Al final, utilizamos la ayuda para crearle deuda al otro y así poder decir que somos la ostia mientras le ponemos la soga al otro –al cual le va bien tener dicha soga en su propio cuello–. Una persona así, es adicta a sí misma. Addictus era, en la antigua Roma, un esclavo ahogado por las deudas. Los patricios les prestaban dinero a los plebeyos con un interés muy alto. Como no podían devolverlo, un juez finalmente dictaminaba que los bienes del deudor fueran para el acreedor.

Muchos animales, como las gaviotas de una misma colonia, pueden devorar a los polluelos recién nacidos solamente porque les es más cómodo que salir a pescar. ¡Por lo menos no lo esconden y lo llaman hospitalidad! Habrá que cambiar el egoísmo moral, por el egoísmo ético.
Hay un bajo porcentaje de personas que actúan por altruismo extremo, algo muy raro. No lo harán por reconocimiento, ni por instinto, si no por un valor moral mucho más alto y desarrollado. Yo, desde luego, no conozco a nadie así.

En fín mis queridos egoinómanos, estaréis ansiosos de una rayita de ego. ¿Cuándo será la próxima vez que resaltéis vuestras increíbles dotes altruistas en pos de vuestra imagen? Un abrazo generoso, queridas gaviotas despiadadas.

No comments

Leave a reply