El que elude se alela

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Mi trabajo consiste, básicamente, en sacar a la luz las miserias ocultas de los que insisten en mentirse y refutarse a sí mismos o por obvia extensión, a los demás. Todos tendemos a autoengañarnos, pero hay personas que vete tu a saber por qué, prefieren rebasar sus cuarenta eludiendo problemas con auto trampas y justificaciones bien sedimentadas desde la infancia. No-quieren-aprender. No sé si por gilipollas o por comodidad. Bueno, qué diferencia hay. En su compleja red neuronal, hay miles de recorridos eléctricos con el cartel de cuidado con el perro, do not trespass. Propiedad privada. Cámaras de video vigilancia en la zona.
Siempre he sentido un inmenso placer al atropellar deliberadamente las empalizadas ajenas. Lo vallado me atrae. En terapia hay miles de formas de afrontar un proceso terapéutico, y está claro que el mío se trata de ejercer fuerza de presión para abatir barreras, muros, setos, verjas y cercados de todo tipo. Me pagan por decir lo que el otro no es capaz, o no tiene huevos de decirse a sí mismo. Hasta aquí bien. El problema se me exhibe cuando salgo de un marco terapéutico o intelectual, y me encuentro a otro tipo de seres que son incapaces de autoanalizarse un poco y encajar verdades como puños. Me parece una raza extraña a la par que atontada.

Personas que te cuentan lo mismo repetido, con otros novios y en otros trabajos años después, personas que siguen eludiendo sus problemas en la inacción, pero se quejan, ¡y tanto si se quejan! se quejan y eluden, se quejan y eluden, personas que te cuentan algo, no porque les interese comunicarse contigo, sino porque así se relamen su narcisismo compensatorio de su estupidez. Me encanta que la gente me cuente su vida, pero la mayor parte de las veces solo puedo oír lo que esconden. El que te cuenta sus líos de juventud de desfase y libertad, en realidad te dice lo poco libre que se siente ahora. La que te habla y rehabla de lo bien que folla con su novio y de lo contento que está con ella porque es súper sexual, en realidad no se corre. La que se explaya relatándote su vida feliz con sus perros y su novio viviendo en la montaña mientras las comisuras de su boca caen como losas directas al suelo, está deprimida. Excusas baratas, razonamientos pobres y justificaciones pusilánimes. En realidad, se excusan, razonan y justifican a ellos mismos delante de ti. ¡Y ni se te ocurra traspasar la valla que cerca la verdad Adriana! Hay perros sueltos.
¿Quieren que los escuches, o quieren validar su verdad con tu silencio?  El que elude quiere que eludas, ¡eludamos todos! ¡Alelémonos!

Hay días que tengo que escuchar a alguien relatar su película ideal mientras que por dentro solo puedo ver los subtítulos de otra peli completamente distinta. La primera es una comedia romántica y la segunda una historia de horror gore y sangrienta. ¿Su vida consistirá también en dos pelis a la vez? ¿Estará relatando la peli que le gustaría pero en realidad vive la que teme? ¡Instagram de los cojones se está implantando en la vida offline!

Escuchaba a un chica contar la misma historia que años atrás le escuché con su ex ex ex novio. Joder, pensé, ¿no se da cuenta? Le pasa el mismo problema con su quinto novio y encima la tía se muestra sorprendida. ¡Acojonante! Trato de hacerle ver que quizá puede mejorar su situación si se da cuenta de que es ella la que provoca el problema. Parece que no hay reacción ahí dentro, así que espero un rato. Vaya, sigue sin haber nada. Sigue igual el día siguiente, y al otro, y al otro. ¡Guau, espera!, parece que hay una chispa de esperanza en sus ojos que refleja la chisporroteante actividad neuronal, y,… ay no, mierda. Otra vez: nada.

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