El astrólogo estafador


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Tritón, el nuevo y renovado hijo de Poseidón, con cabeza de humano, cola de pez y conocimientos astrológicos –aunque te los puedes encontrar en forma de sexólogos, coaches, counsellors, guías, o gurús–. Estos tritones usan su conocimiento con pretextos astrológicos para controlar y vulnerar la fragilidad del otro. “Del otro” suele ser siempre una mujer, “vulnerar” suele ser manipular y la “fragilidad” es más que nada hasta la cama. Suelen ser doncellos marinos atractivos, sensibles y elevados que engañan a las navegantas que pasan a su alrededor. Independientemente de si crees o no en los estudios del cielo, es fácil que una mujer que se siente perdida o vulnerable, se convierta en alimento de tritón, arrastrada hasta la isla, junto a los cadáveres de las otras clientas-presas.
Muchos de estos seres marinos venden salud y consciencia desde cierta soberbia endiosada, pero los más peligrosos son los “humildes”, los que te dicen que también tienen sus cosas, que no son perfectos, los que te relatan sus defectos, pero no lo suficiente tétricos para que no nades en contra. Utilizan su propio conocimiento, muchas veces profundo y extenso, para usarlo a favor de su narcisismo controlador. Son intelectuales que van de místicos sensibles pero en realidad no han superado su fase anal. Te aleccionan con su tridente con el objetivo de sacarlo, literalmente, y darte con él, con su polla tricéfala. Aunque en realidad, los tritones de hoy son más sofisticados, y prefieren el uso sutil de caracolas, la cuales tocan como trompetas para calmar o elevar las olas del mar a través de una harmoniosa y manipuladora melodía. Te tocan la caracola y ya estás hipnotizada.

¿Cómo lo hacen?, ¿cómo mesmerizan a las almas extraviadas? Pues claramente poseen un don, pero sobretodo, hacen un buen uso de lo que yo llamo: las triton tools. Sus técnicas no distan muchos de las de las sectas: rozan el punto justo entre la empatía y la psicopatía. Primero te pillan a través de las emociones, metiéndose en los recovecos que te duelen. No te sientes juzgada, es más, te sientes entendida, comprendida. Por primera vez alguien te ve más allá de ti misma. Aprendes de ti y encima el otro es medio atractivo, parece inteligente y equilibrado, por lo menos consciente. Luego vienen las intelectualizaciones, las predicciones. Te sientes conectada, y él parece que también. Luego llegan las opiniones y, por supuesto, las proyecciones. “Ostras, mi ex mujer también tenía esta cuadratura, ¿cómo la vives tú?”. Se meten poco a poco en algún lugar recóndito de ti misma que ni siquiera sabes que tienes. Te has sentido bien, te has ilusionado, ya no estás tan triste. Haces una consulta, pero pides hacer otra. Quieres más. Él también quiere que quieras más. Empiezas a hacerte fantasías, claro, te has sentido especial, necesitas un gurú, un maestro, alguien que te guíe en tu perdido camino. Necesitas admirar al padre ausente que no se ocupó de ti. Y en tu carencia, ya estás atrapada, ya te tienen en su poder, por lo que podrán usar sus famosas astroexcusas para justificar cualquier acto, pensamiento o emoción que tengan. Estarás desactivada para siempre. Si les dices que son unos manipuladores te dirán que eres tú la que estás proyectando. “Claro, tienes ascendente en libra, necesitas aprender a equilibrarte con el otro. Tienes un Plutón no reconocido, atraerás esa energía manipuladora, es inevitable. Si no soy yo será otro. Necesitas aprenderlo”. Ellos, que parece que tienen un Marte y un pollón fuertes, atraen también a este tipo de mujeres eternas víctimas, qué curioso. “Esta chica ha venido aquí a vivir esta carta, tengo que metérsela, no puedo hacer otra cosa, ¡es energético Adriana!” Ellos son los que controlan no solo el cielo o el mar, sino la palpitación del chocho de sus clientas.

No pueden parar, cual adictos, de engatusar, hipnotizar y pescar. Los ves ahí, conscientes de su manipulación, de su narcisismo y de su inseguridad. Son inteligentes y muchos cultos, pero no pueden parar, no pueden resistirse a probar una y otra vez las mieles de sus propios encantos marinos. No entiendo cómo, con el conocimiento que tienen y que usan precisamente en “sus terapias”, no lo usan para sí mismos. Eso es un poco de estafador, de astrólogo estafador. El nuevo astrofador.
Lo que realmente me enerva, es que muy pocos de los tritones con los que he hablado, han cogido verdaderamente su responsabilidad para con sus clientas-amantes. Me molesta sobremanera que no usen sus miedos y deficiencias y los lleven al campo terapéutico, como un método terapéutico valiente: “oye mira, utilizo a algunas mujeres para reafirmar mi identidad podrida. Te he estado manipulando para llevarte a la cama y tú te has dejado, ¿crees que te pasa en los otros ámbitos de tu vida? Vamos a trabajar esto.”

Eso sí, en ellos siempre he visto el don de investigar la psique, adentrarse a ella, sin miedo a perderse y disolverse en el otro. Con un gran potencial psíquico. El problema viene cuando no distinguen entre guiar y manipular, entre aprender y endiosarse. Entre ganar algo de fuera y transformarse desde dentro. Si lo pienso, debe ser agitador vivir siempre desde el ansia de necesitar el poder, de depender del exterior, para así evitar sentir ese poso, siempre latente, de impotencia y soledad. Ojalá pudieran dejarlo todo, aprender de sus miedos y sumergirse en mares internos en vez de inundarse de mares ajenos.
Si eres chica y quieres descubrirte, quizás necesites pasar por uno de estos sirenos para aprender porque te toca, yo no lo sé, pero si puedes evitarlos, mejor. Hay grandes profesionales que aunque te la quieran meter, no se aprovecharán ni lo usarán en tu contra. Hay astrólogos que son más bien artistas –y evidentemente astrólogas–, varones maravillosos de los que aprendo mucho que no usan tu debilidad para crecerse. Desde aquí os digo a todos vosotros sirenos de cola larga, hechiceros, varones, hombres-niño, ¡tirad las caracolas!

 

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