El adulterio nos vuelve adultos


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¿Vivir siendo fiel? Por supuesto aún creemos que la monogamia nos va a salvar de vagar eternamente partidos. Venimos de algunas sociedades donde no era un concepto de amor o de seguridad el hecho de ser fiel en pareja. Al principio de los tiempos, la sexualidad humana se vivía de manera parecida al resto de los animales: se copulaba cuando el instinto lo demandaba regulando así los períodos de acoplamiento.
Como afirma la historia, se empezó a ser fiel cuando el ser humano dejó de ser nómada. Con la llegada de la agricultura y el sedentarismo apareció la propiedad privada y la sexualidad adoptó un rol monógamo en el momento en el que se debió asegurar la herencia. De ahí la idea y la práctica de fidelidad y exclusividad (quizás la mujer fue la que lo inventó: “aquí el macho no va a meter el pito porque esta tierra la cuido yo para los míos”). Normal, eso garantizaba la continuidad del patrimonio familiar. La monogamia pretendía en su momento producir un orden por puro bienestar económico y por una mejor vigilancia de los retoños. Más tarde en la Edad Media, la Iglesia (siempre tan ocurrente), la clavó institucionalizando la monogamia y declarando como demoníaco a lo sexual. Ideal culpa.
La monogamia es un ideal social que se aleja de la naturaleza biológica (pero que quizá nos acerca a una necesidad emocional) y ha creado una monstruosidad cultural: el modelo de amor romántico que nos han metido a todos en la cabeza. Las personas buscan desesperadamente ese amor endiosado y casi platónico que acabará con todo su sufrimiento y condena. Establecer un vínculo amoroso con otro y al fin descansar. Descansar entre la posesividad y los celos, el sometimiento y la contención, la inseguridad y la culpa. Qué relajante, qué apasionado. Francamente, veo que mi idea de lo romántico está un poco desajustada.

A pesar que esté de moda el poliamor, las relaciones abiertas, los swingers y los open mind que tienen demasiado amor para dar y necesitan muchas amantes, hay en realidad poco porcentaje de durabilidad de vínculo. Puede parecer que lo diga con ironía, que lo hago, pero básicamente porque aún no me he encontrado con nadie que tenga el suficiente amor propio como para mantener un vínculo amoroso honesto y bonito con dos personas a la vez. Ojo, digo vínculo amoroso, no relación deseosa. Quizá tiendo a la monogamia porque así he crecido con mis padres. ¿Está inscrito en nuestro adn más profundo y costará una eternidad cambiarlo? ¿Se puede? Al final, algunas personas permanecen con sus parejas por miedo a la muerte, a la soledad, por miedo a verse en el hospital entrando en decadencia hacia el hundimiento. ¿La monogamia es una realidad socio económica que nos hemos montado, o es una forma natural de supervivencia en las ciudades? No solo hay crisis económica o política, también hay una crisis en el modelo de familia monoparental (y he aquí el invento perfecto de la zanahoria del capitalismo para consumir tanto que nos salga por las orejas). Yasmina Reza, escritora, afirma que el adulterio es la clave para las parejas. “No creo que tenga una visión pesimista, sino lúcida. Creo que la pareja es una estructura que pesa demasiado para el amor.” Convivir en la misma casa, educar a lo hijos y compartirlo todo, crea una forma de vida un tanto a merced del otro. ¿El adulterio nos vuelve más adultos en nuestra formas de amar, o sucede todo lo contrario? ¿Qué es lo que enreda y trastoca al alma humana cuando se casa? ¿es la monogamia, la convivencia, el deseo humano, la inercia? Me pregunto si a Jack le han cundido sus jolgorios ahora que tiene Alzhéimer.

 

 

 

 

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