Cuanto menos pelo, más amor

La evolución nos separa de los primates por dos clarísimos factores: la inteligencia y el pelo. (Y estamos perdiendo ambas). ¿Cuáles son las consecuencias de esa pérdida del pelo en el ser humano?. Hay un hombre, un tal Desmond Morris, primatólogo, que afirma que la pérdida del pelo intensificó la tendencia al erotismo de nuestra especie. Por eso somos mamíferos más orientados al tacto, no al olor. Si fuéramos más peludos,  los genes ligados al olor se mantendrían por más tiempo en nuestro cuerpo. Nos oleríamos mutuamente en vez de estrecharnos la mano y darnos dos besos.  Diríamos, ”¡llevo mucho tiempo sin olerte! ” no diríamos, ”llevo mucho tiempo sin verte”. Hemos ampliado nuestra área sensorial, pero no lo parece,… en general nos tocamos bien poco. Los primates pasan mucho tiempo acicalándose unos a otros. Se sientan felizmente en una rama, se despiojan y se repeinan. Vale que se pasan mogollón de enfermedades, en ocasiones fatales, pero es básico para su supervivencia el contacto con otro de la misma especie. En eso nos parecemos más. Tener una pareja o un amigo que nos desparasite nos resulta muy placentero.  Ya casi no tenemos pelo, el calor de nuestro cuerpo se disipa antes, y nos enfriamos más. Por eso estamos más vulnerables que nunca, e instintivamente buscamos a un alguien que nos haga de refugio caluroso para que nos consuele. Quizá no pedimos que nos rasquen la espalda o que nos saquen los pijoitos, pero necesitamos mantenernos en contacto. Sabiendo esto, quedemos más para darnos ternura, ¡que se necesita más que nunca!. (Hombres calvos del mundo, no os preocupéis, también hay mucho afecto para vosotros). Con pelo o sin, ¿démonos más amor no?

 

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