Cómo folla un narcisista

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Vivimos en una época de grotesco narcisismo, no es ningún secreto. Otto Kernberg, psiquiatra y psicoanalista, sostiene que el narcisismo consiste en una “ambición desmedida, fantasías de grandeza, sentimientos de inferioridad y excesiva dependencia de la admiración y aclamación externas”. Absolutamente todos poseemos dichas características –la palabra persona significa etimológicamente máscara–, pero el tema no es cuánto lo somos, sino cuán separados están dichos rasgos de nuestra conciencia. La herida narcisista se producirá dependiendo del bloqueo durante la etapa del desarrollo instintivo inhibiéndolo para poder sentirse amado. Su personalidad quedará inevitablemente escindida en dos yoes: el yo real, indeciso e inestable y el yo ideal que se desdobla en cada selfie.

Ya que el narcisista no puede distinguir entre lo que siente y lo que muestra, necesitará negar la realidad –a través de su doble ideal– y vivir dividio de sus emociones. Los narcisistas se caracterizan principalmente por una frialdad emocional, pero eso no significa que su doble sea cariñoso, cercano y cálido, de hecho, suelen aparentar ser personas bondadosas y altruistas, pero en el fondo utilizan a los demás únicamente en su propio beneficio. Como afirma Buyng-Chul Han “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro. Al otro se le retuerce hasta que el ego se reconoce en él. El sujeto narcisista solo percibe el mundo en las matizaciones de sí mismo, la consecuencia fatal de ello es que el otro desaparece”. El doble no puede producir autoestima, está vacío, por lo que siempre será dependiente del otro, hambriento de halagos y complacencias que jamás le colmarán del todo, provocándole tarde o temprano ansiedad o depresión –la ansiedad o la depresión no es más que una acumulación narcisista del yo–. No hace falta que cite el porcentaje de la población urbana que se medica para uno u otro síntoma.

¿Qué le ocurre al narcisista a nivel corporal? Nada. No ocurre absolutamente nada sin el otro. Alexander Lowen, médico y psicoterapeuta que admiro, piensa que ”los narcisistas no niegan tener un cuerpo, pero ven su cuerpo como un instrumento del espíritu, sometido a su voluntad. Funcionan solamente en función de sus imágenes, sin la aportación de los sentimientos. Aunque el cuerpo pueda funcionar eficazmente como un instrumento, resultar como una máquina, o dar una impresión de estatua, está falto de vida”.
Lowen opina que “el acto sexual, desde el punto de vista bioenergético, es un fenómeno de descarga de energía, lo que implica necesariamente dos componentes: un factor agresivo que proporciona la motivación y los sentimientos tiernos que dan significado a la acción. Los sentimientos amorosos, por sí solos, son incapaces de lograr la descarga”. El doble narcisista, que vive en un mar de complacencias y condescendencias, posee una absoluta desconexión con su instinto, por lo tanto, se inhibirá también su placer. Estos establecerían relaciones baldías basadas en una gran conquista, una apariencia desinhibida y espontánea y un gran bluf final. Según Louise Fréchette, terapeuta, opina que “un hombre con rasgos narcisistas no encuentra satisfacción profunda a ningún nivel de actividad y se ve obligado a una persecución y conquista continuas. En realidad, su sexualidad se ha quedado en una etapa del desarrollo infantil, la obstinación en el triunfo se basa más en el miedo al fracaso que en la propia recompensa del éxito”. Cuanta amargura sexual enmascarada.

Según Wilhelm Reich, médico, psiquiatra y psicoanalista, “ el narcisista actúa como si poseyese una gran potencia sexual, alardea de sus conquistas y de su potencia, aunque en realidad la potencia orgástica, es decir, la capacidad de experimentar placer se halla disminuida proporcionalmente.” En el caso de los hombres, “las relaciones con mujeres se ven perturbadas por el deprecio que sienten hacia el sexo femenino. Las mujeres representan ser objetos sexuales altamente deseados, pues su aspecto exterior ostenta todos los rasgos de la masculinidad”. En los narcisistas existe un tipo de odio y venganza hacia el sexo contrario, de hecho, muchos analistas describen la sexualidad narcisista como homosexualidad pasiva. Ellos mismos se convierten en sus propias armas vengativas, utilizándose a sí mismo y al otro, para encadenar una exhibición de valía tras otra y así ocultar sus humillaciones tempranas, el ridículo y el auto desprecio. ¿A quién querrá demostrar su potencia para compensar su impotencia? El orgullo fálico fallido. El narcisista vive, por tanto, aislado en una insatisfacción crónica, la cual trasladará, inevitablemente, hasta su cama.
Cuando la satisfacción sexual proviene de la respuesta del otro, el sexo se transforma en un servicio más que una pasión mutua. Los narcisistas no aman, evitan el rechazo. Los narcisistas no follan, masturban su imagen a través del otro.

 

 

 

 

 

 

 

 

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