CELOS, TU NUDO HOMOSEXUAL

 

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He tratado anteriormente en mi estudio sobre los celos, —en el cual básicamente me dispongo a mí misma y a mis coetáneos cercanos como cobayas— la inseguridad, el territorio, la culpa o el miedo a la libertad son factores clave. ¿Pero qué hay de la vanidad y el egocentrismo?

Hoy en día el narcisismo llena nuestros globos oculares incesantemente y sin tregua, de hombres y mujeres atiborrándose de sí mismos en las redes sociales. Cualquier Instagram es una oda aduladora que solo me hace pensar en una cosa: que estos sujetos están enamorados de su imagen, y si se pudieran follar a ellos mismos y llegar al éxtasis del narcisismo, lo harían sin dudarlo. Como eso no puede ocurrir mas allá de los likes y los corazoncitos y los mensajes que alimentan la inestabilidad, lo más cercano que podría existir a la libido de dicho ser, es la atracción por alguien parecido y no del género contrario —ya que el género contrario está solamente para usarlo de espectador del sí mismo—. Proyección inconsciente de un deseo reprimido, nudo homosexual a la vista. Si tu novia se va con otro tío y tu te quieres morir de celosía, ten en cuenta lo siguiente: “ella al ir con otro, te revela el deseo que sientes por ese otro.” Ojo, el nudo homosexual implica negar el otro sexo en uno mismo, de hecho, nos referiríamos a éste como el rechazo directo del género contrario. Todos tenemos nudos homosexuales, solo que no lo sabemos. Creer que las mujeres son parlanchinas, que los hombres son todos mujeriegos, que Dios es un tío con barba, o que existan asociaciones solo de mujeres o de hombres, condiciona a uno el tener dicho nudo marinero.

Chica se queda en casa amargada, novio sale de fiesta bien lozano. Chica cree que chicas deben joderse cuando novios hacen la suya. Chica siente hervir sus celos cual bilis hacia su cerebro, chico no se da cuenta. Chica hace ver que no pasa nada, porque sabe que mostrar sus celos la hace débil. Chica cree que chico mirará y se follará a otras, que disfrutará sin ella, y que es prescindible. Él no se habrá dado cuenta de nada, hasta que ella y sus celos enfermizos peten. 
Alejandro Jodorowsky muy acertadamente y de forma bastante compleja —aunque potencialmente erótica—, aconseja: en el caso que el celoso empedernido sea el hombre, que coja una fotografía de su rostro, haga una máscara y se la ponga a su novia, la cual va a dejarse tocar por cuatro hombres. Él va a contemplar su cara con cuerpo de mujer mientras otros hombres la tocan. En el caso de una mujer, se trataría de poner su cara en la de su pareja, mientras observa cómo a él lo tocan cuatro mujeres. Me parece eficazmente espinoso. Pero en realidad, qué hay más espinoso que un Leviatán, príncipe del infierno, saliendo por las profundidades de la boca de tu novia cuando vuelves de fiesta con un buen pedal encima.

El autoengaño de género es uno de los más bestias que observo hoy en día. Aquí todo el mundo sabe amar mucho, respeta los géneros, felicita los días internacionales de la mujer —o del analfabetismo—, y se llena la boca de tolerancias, honras y justicias salchicheras cuando en realidad todos y cada uno de nosotros, vivimos entre normas sociales y comportamentales que nos humillan a diario —y sin saberlo— no como género, sino como seres humanos. Aquí nadie se salva del nudito. Homosexual o no, nudos.
Acordaos vosotros los celosos crónicos, histéricas de libro, maltratadores y demás, cada vez que sintáis los fervorosos celos subiendo vuestra tráquea, pensad que os celáis a vosotros mismos, y que esos deseos atascados son la presa moral que no os atrevéis a derruir.

 

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