BAMOS VIEN

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Adriana, me dijo el editor, «me encanta tu libro, es fresco e inteligente y le da la vuelta a los clichés tan masticados sobre sexo. Hacía tiempo que no me reía tanto. ¿Cuantos followers tienes?». «¿Followers? No tengo». «Entonces no creo que podamos editártelo».
Ábrete una cuenta de Twiter, otra de Instagram y empieza a ganar seguidores. Tu objetivo es ser una influencer. Saca pecho, pon morritos, guiña el ojo y encórvate hasta la ciática para que tu cintura de avispa y tu cara medio puritana casta y pura medio putita necesitada de lujuria cree el capital social necesario para que te hagamos caso, y así nos ahorres nuestro trabajo y nos asegures ventas y poder como editorial y mantengamos nuestro status. Véndete a ti misma, triunfa y nosotros te patrocinamos. No nos vamos a arriesgar con algo que nos guste, ¡qué coño! hoy en día nadie se arriesga. Nuestros lectores son gente muerta que solo compra fanáticamente lo que la inercia dice que es bueno, así que no publicaremos nada que fomente el sentido crítico humano. Ah, tu insolencia es buena para publicitarte, pero insisto, sin seguidores no venderás. Tu credibilidad dependerá del número de tus followers.

Ya no optamos por la calidad, (¡si ya no existe!) debido a que ésta se traduce mediante la cantidad. Lo que sea trascendente solamente será fruto de unas cuantas personas agrietadas que así lo decidan. Desarriesgándonos en esta vida convertimos las ideas en un precio que dependerá de su importanca en base a su cotización. Es decir, eres mona, crea un estilo de vida acorde a tu identidad y atrae a personas sin personalidad que necesitan alguien a quién admirar ciegamente para darle sentido al pasatiempo de su vida. La distracción que ya no entretiene y qué menos decir que ejercite el contenedor de nuestra bóveda craneal.

El término follower me horripila. Seguidor, partidario, admirador, adepto. Seres subordinados a empresarios disfrazados de populacho común. Fanático, discípulo, forofo. Entusiasmado ciegamente por algo. Hincha. It girls, influencers, líderes de nuestra generación. Personas que adoptan el modelo de venta de las grandes corporaciones. Propaganda, espectáculo: «actividad que da a conocer alguna cosa intentando convencer al público de las cualidades y ventajas que reporta». Yo vendo mi opinión, ¿compras? Yo cedo mi sentido crítico y compro. Ciego, te sigo. Tu camina, que yo voy detrás tuyo adoptando tu vida, tus ideas, tus valores y tus creencias. Te venero, te adoro y te sigo, como las ratas a Hamelín. La nueva religión es un Dios terrenal o youtuber que cumple la omnipotencia de lo que resultaba ser el altísimo señor sin fallas ni carencias bíblico. Oferta y demanda. Vendo ignorancia al ignorate. El ignorante quiere permanecer ignorante y que sus ignorantes líderes permanezcan sus portavoces. Es la retroalimentación perfecta.

Estamos viviendo la decadencia de nuestra cultura. ¿Se parecerá a la del imperio romano? Según Edward Gibbon, historiador británico, «el imperio romano sucumbió a las invasiones bárbaras principalmente debido a la pérdida de las virtudes cívicas tradicionales romanas». Así, los valores y virtudes que el ser humano haya podido aprender a lo largo de cuatro millones de años de existencia, los hemos gastado en apenas 77, desde la segunda guerra mundial. 
Pues bien, desde esa fecha hasta la actual, la evolución del cerebro desde el australopithecus hasta el homo sapiens ha aumentado de tamaño y los científicos creen (erróneamente) que sea debido a la mayor sofisticación del comportamiento de los homínidos. Parece que cuanto más grande el cerebelo, más grande la inverosimilitud de sus acciones. Me sabe fatal, pero este retroceso cultural e intelectual de los últimos humanos las últimas décadas me deja en una posición generalista y crítica sí. ¿Y?

Les pregunto a mis amigos coetáneos y millenials y esperan pegar el pelotazo con méritos deméritos. Ya no queremos una reputación, ansiamos la fama. Sin esa fama caemos en el olvido de nosotros mismos. Como dijo Marlon Brando, «toda la autoestima neurótica del individuo se reduce a nada si no recibe admiración. Ser admirado y respetado es una protección contra la impotencia y la insignificancia. Es difícil que alguien que se sienta tan humillado tenga amigos». No, no van a editar mi libro porque no tengo followers. Bamos vien.

 

 

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